El frío de esta noche: Murmullo de una voz que me ahoga y enmudece mis ansias de vivir. Tu reflejo en la lluvia, un remolino de quijotes que no soporto; mi alma sin aliento.
Mis anhelos en el fuego, mis palabras en el aire y una cruz
que no comprendo: la distancia de mis huellas hasta ti; los recuerdos clavados
en la carne, una lágrima…
Mi vida a cuestas –no sé a dónde-
Mis zapatos en un rincón, la bendición de tu mirada triste,
sal en la arena, mar en mis ojos, el horizonte abierto…
El silencio de una sonrisa dormida que baila al fuego y se
congela.
¿Ante quién debo arrollidarme? ¿A quién debo pedir perdón?
La tarde se hace fría y el sol se ha cansado de vivir. Hoy
parece que las horas me son eternas…
Hoy me cuesta abrir la vida ante mis ojos y aceptar el
silencio forzado de un cuarto vacío que no me dice nada…
Hoy me cuesta verte y sonreír –ya no río a la costumbre-.
Y parece que la rutina se hizo prestigio y es una bandera
que ya no duele enarbolar.
Mi imagen en el espejo, ya no la conozco: un silencio en vida
que me pregunta quién soy, por qué estoy aquí con la misma mirada hueca, con la
misma costumbre de siempre.
Me asombra la nitidez de mis complejos, de qué mecánica
manera la vida me es otorgada cada mañana, para devolverla de nuevo cada vez
que las sombras se acercan.
Las paranoias en mis sueños, mi poca vida tras una vitrina,
mientras los mismos pasan y suspiran y juegan a vivir… igual que ayer.
(1992)
(1992)
